Biodanza sistema Rolando Toro

Mi garza!!!

!Hola! Os escribo desde mi pequeño paraíso. Tomándome un te sobre una mesita verde en el balcón de mi casa. Debajo de mi tengo un hermoso parque. Y cada tarde, puedo despedir al Sol que se esconde detrás de los últimos edificios de mi ciudad. Cada día se despide de mi con colores nuevos, sorprendentes: rojos, naranjas, añiles, malvas… También me saludan las golondrinas que con su frenético vuelo me recuerdan que no deje nunca de jugar, de bailar, de cantar. Ayer dancé mi garza, y recordé otros paraísos que llevo dentro de mi. El Poyo de las Mesas, en la Sierra de Cazorla, Una meseta elevada desde donde se divisan grandes barrancos, ríos, montañas; todos decorados con frondosos bosques. Allí estaban esperándome mis hermanos, los buitres y las águilas, y me dejaron ser uno de ellos. Yo era un águila; ni demasiado joven, ni demasiado adulta. Descubrí que ya no era una cría, pero que aún me quedaba mucho por aprender. Aún así, volaba tranquila, apacible, hermosa. En su vuelo divisó a un ángel, un ángel que caminaba con una mochila a cuestas, una mochila llena de bondad y amistad, y donde llevaba también sus alas para volar cuando es necesario. Le reconozco, me a guiado tantas veces por esas sendas de herradura por donde transitaban los pastores y los arrieros en otros tiempos, sendas de silencio y de Paz. No consigo ver bien mi garza. Es más bien una cigüeña que se dirige hacia casa, contenta, feliz. Mientras vuela va repitiendo: ¿veis? Por fin vuelvo a casa, vuelvo a mi centro, vuelvo a estar en Paz. Se dirige a Extremadura, a Badajoz, donde vivió sus primero cinco añitos. Pero no, no los ha olvidado, los lleva muy dentro de ella. Desde lo alto puede ver la primera casa donde vivió. La huerta de sus abuelos y la pequeña y deconchada iglesia donde la bautizaron. Puede oler los eucaliptos y sentir el frescor del caudaloso Guadiana. Y sigue repitiendo a las demás garzas ¿veis? Por fin vuelvo a casa, a mi centro, a mi Paz… al Paraíso. Desde este balcón, quiero que sepáis que con cada abrazo os estaba dando las gracias por ser mis animalitos, mi naturaleza, mis maestros. Uau !!! nada más y nada menos que trenta y seis maestros, que lujazo. Agracecia los momentos buenos, y agradecía los momentos difíciles que he tenido, por que últimamente y más que nunca siento que son los que me hacen crecer. Agradezco vuestro respeto y vuestra comprensión. A la vez os pido perdón, por que como contaba Sara, aveces también me ha costado estar en el momento presente, y siento que no os he prestado la atención que cada uno de vosotros os merecéis, porque os merecéis toda la atención del mundo, sois hermosos. Gracias a Tuco; facilitador, mago, prestidigitador, artista, animal y ser humano. Y a los demás facilitadores por hacer que la Biodanza, poco a poco, deje de ser cosa de unos pocos. Uffff !! Cuanta fuerza y cariño veo en vosotros. Una vez más “Los cuatro animales” han sido lo más potente que he danzado. Muchos abrazos, suaves, tiernos, fuertes y de todos los colores. El hombre-lobo. P.D. Y vosotros ¿Que paraísos tenéis?

Autor : Alfonso Cartagena