Biodanza sistema Rolando Toro

Los Cuatro Animales. Biovacaciones 2016

Bio vacaciones 2016. Agosto 2016 ¡Qué bien me ha sentado! Qué bien me ha sentado ir de vacaciones al curso de biodanza de Tuco. Con mi amigo kike. con todos los compañeros y compañeras…

Verano 2016 Lucainena de las Torres. Empiezo por la despedida, que fué de lo más amoroso, pleno, cariñoso, delicioso. Creo que todos vivimos el amor allí el domingo a la tarde, a la hora de marcharnos. Cuánto amor y alegría a de cinco días! Cuántas miradas! Cuento los ojos por cientos, miles de ojos mirándose… Me siento tan fuerte, tan entero, tan yo… Después de dos días de la vuelta comienzo a digerir lo vivido, o mejor, comienza mi dentro a ver lo que creció. Rememora meditando, mi cuerpo, él solo, la interiorizacion de cada uno de los cuatro animales en mi ser. Cada uno con su propia fuerza y potestad. Cada animal magnifico, grande, experto, cierto, ANIMAL. Me aparece la integración de estos cuatro animales en el cuerpo, en mi vida y. Me hace sentir muy muy fuerte. Mi auténtica fortaleza. Aparecen los cuatro y forjan a un cuerpo nuevo, firme, grande. Me traen de la mano al maestro, a mi maestro. Acto seguido tengo un impulso irrefrenable de activar dentro de mí al animal humano, si, al humano-animal. Al igual que hemos activado a los cuatro animales cabeza de los cuatro elemento quiero, preciso, necesito, y arranca en mi la fuerza para adentrarme y activar al humano animal. Genial. Maestro…, animal…. Me siento un animal ya. Paseo por las calles donde vivo más alto, más observador, más vivo, más animal. Es un sentido muy amplio: Biológico, físico, trascendental, terráqueo, universal, etc. Sintiéndome a mí como un todo, sintiendo todo mi alrededor y a la vez unido a todo, todo es uno con el animal. Ya no me puedo llamar Javier, me resulta pequeña esa palabra-nombre para lo grande que me siento. Es como si llamas a un rinoceronte Priscila. Y no lo soy solo desde ahora, pues siempre he sido y lo fui, un animal, que ahora está integrado y todo se sojuzga a mi. También me sojuzgo a todo. Es la ley de la selva. Se me fue hasta el aburrimiento. Del tigre apareció en mi, como bien decía Tuco, la fuerza y la buena defensa de mi territorio. Mi cuerpo recuerda y revive esos momento de intensidad animal, la del rey de la selva, El Rey (en Oriente no hay leones y si tigres, de ahí que sean estos los reyes de la selva). Aparecen todas las características salvajes de ese animal, se apoderan de mí y vuelvo a sentir ese frescor de jungla libre y mi propio poderío para ser yo. Me he llenado de mi fuerza, de la fuerza que me ha regalado la vida al crearme como tigre. Siento lo que soy y mi poderío; mi intensidad. Sale de lo que yo soy, no de lo que he creado. Si de lo que la vida me ha otorgado y yo mismo lo llevo encima para la gloria de la vida. Ahí está el fuerte. Agradecido a la vida. No hay nada entre la vida y yo, soy puro cuerpo firme, bello y fuerte. El hipopótamo y yo. Y yo de hipopótamo. Nunca imaginé que existiera un animal parangón de la felicidad, del sosiego, la calma y el disfrute continuo. Añadido a esto, ese animal es gregario, vive en sociedad, con su clan, y así es muy familiar. Aquí, en Occidente lo consideraríamos el máximo ejemplo de vagancia, de inoperancia, nuestra sociedad es así de juzgona. El hipopótamo me sustrajo al disfrute de mí mismo sin pedirme nada. No hacer nada. No buscar nada. La paz conmigo no buscada, regalada, no trabajada, no como finiquito de algo. En fin, el gozo de la vida del que hablan los antiguos escribas que relataban la plácida vida de antaño (bueno, de algunos). Dinámica de la que nos hemos olvidado. Qué placer Dios mío. No quiero otra cosa. Me enroco en el hipopótamo. Me niego a salir de esa calma. A este día con Tuco se añadió que el anterior me quedé sin ir a la playa pues quise descansar. Ese descanso fue el del hipopótamo: No hice nada. No me culpabilicé por ello. Fui de sillón en sillón tumbado por todos aquellos muebles que había en el cortijo y que eran asiento de mis lomos. Desde niño no me había atrevido a hacer cosa igual. El ganso?, el vago?, el asceta? El trompón?.., no, el hipopótamo. Me adelanté. Jopé con el bichito. Lo más genial, me encanta, me apasiona, me hago hipopótamo. Disfruto el disfrute de la vida, el regalo de vivir. Tuco nos alentó para instaurar en nosotros el Tótem de este animal. Insistió en que adentráramos en nuestro código genético el genoma de este paquidermo. Se quedó el animal conmigo, y creo que con todos al ver como fuimos el resto de los días, sobre todo el día siguiente en la poza de agua próximo al lugar de los barros. Allí disfrutamos todos con los cuerpos desnudos como verdaderos niños-paquidermos; genial, disfrute sin límite, felicidad en el agua. Unidad. Añado: La sensación con os cuatro animales es de profunda unidad con cada uno de ellos, no es mental, si es física, personal, olfativa, sensual, animal! Éramos los propios animales. Tercer día. La serpiente, la sensualidad. La sexualidad. Lo sagrado. Qué curioso vivir la sensualidad y disfrutarla y llegar a lo sexual. Desde ahí ver con sorpresa, que nos está esperando, a la vuelta de la esquina…, lo sagrado. La sacralidad. La vida sagrada. Me decía mi amigo kike hace años que el hombre distingue entre lo profano y lo sagrado; exclamando finalmente: ¡Pero si todo es sagrado! La transmutación del ser humano siento que pasa por ahí. Y nos sumergimos en la sagrada serpiente, en la sutil, en la sensual, en la inteligente y sabia, a veces contradictoria (para nosotros), la bífida serpiente. Fue como atravesar un puente hacia la iluminación. Tuco nos presentó un camino, un trecho entre cada uno de nosotros y el otro de enfrente. Un camino a recorrer, como ofidio, reptante hasta encontramos con el otro , del mismo género, reptil también para enzarzarnos en una danza absolutamente sensual en la que murió, por fin, nuestro hombre, nuestra mujer para iluminarse y hacerse cuerpo alargado y transmutado, sin nombre pero sacro. Sin saber qué o quiénn éramos. Perdidos en un océano de serpientes límpidas, de carnes blancas, sin sangre, y ya celestiales. Transmutados …. En qué? Último día, una mañana bella y poco calurosa en el oasis entre el desierto de Almería y sus playas, en el cortijo de los baños de Alcainena de las torres. La garza. Vamos a volar. Vamos a ser libres. Siento que soy libre. Libre. Soy el que soy. Como decía Jesucristo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, refiriéndose no tanto a él mismo sino a que cada uno de nosotros somos nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Recuperamos la libertad. La de la Garza que prepara sus alas, ayudados de los compañeros y compañeras. Alentados por ellos y ellas y por Tuco. Experimentamos el plumaje, las alas que salen de los hombros y omóplatos. A al principio y de forma tenue vamos sintiendo que algo crece, se forma, se alarga, toma forma y aparecen nuestras alas. Jopé que pedazo de alas que tengo. Qué fuerza y qué tamaño. No dudé ni un segundo en que emprendería el vuelo. No me lo planteo, vuelo y disfruto. Enseguida veo las alas de la compañera ayudante, la misma a la que yo ayudé y las alas de los demás compañeros. Que suben, aletean, que se despliegan, ¡qué vuelan! ¡Cómo yo mismo! Qué alegría, qué emoción. Lloro, me río, me río, lloro. Es un regalo del cielo. Fuerza y alegría. Soy libre repite Tuco, y yo sigo volando con placer de dioses. Soy un dios. Soy libre. Somos libres. Gracias. Ha sido un viaje inolvidable a mi esencia ancestral, a los genes primitivos en los que todo era lo mismo, un solo ser, un solo genoma primal, animal. Hemos entrado en esos vestigios y en la fuerza de los cuatro totems de los cuatro animales que están a la cabeza de los cuatro elementos de la naturaleza. El tigre la tierra, el hipopótamo el agua, la serpiente el fuego. La Garza el aire. Añadir que en la medicina oriental hay uno más que es el metal, -que corresponde al éter de los antiguos-, y que añadiría, y me viene ahora mismo a la cabeza, al orgullo de ser, al maestro, a la fuera que dan los otros cuatro para servir en bandeja al maestro: Al Espíritu. Añadir: Hemos compartido tantos momentos buenos y de una alegría extrahumana y me queda un sabor muy dulce y personal… Hemos comido, desayunado y cenado todos juntos…, por momentos sentí la comuna que desde los díez y ocho años quise vivir. Intimidad entre todos y con todos. Ah, que además hemos comido, desayunado y cenado muy muy bien: Todo sabroso, como debe ser. Me he reído más que nunca en mi vida. Me siento amado y también me siento amador. Respeto y soy respetado. ¿Qué falta? A mí nada. Solo agradecer y compartir esa gran alegría que inunda todo lo que hacemos en equipo y con la intención de ser uno todos. Ya lo decía aquel: Ali donde se reúnan más de dos en mi nombre, estaré yo. O Yo. Los cuatro animales y Tuco Nogales.

Autor : Javier Martínez Barrios