Biodanza sistema Rolando Toro

Biovacaciones 2018. Veo más

Veo más. Veo bastante más. Oigo. Escucho. Siento más. Lo acabo de notar al llegar de nuevo a la consulta después de las biovacaciones con Tuco and company en Almería (cuarto año consecutivo).

Si, siento más. Y no tengo que poner atención. Si pongo la atención, entonces siento aún más. Es como cuando aprendí a cantar con mi profesora: me aleccionó con ejercicios, posturas, respiraciones, etc., durante un año y ese verano, en el campo, me solté a cantar como un tenor cualquiera -ponga el lector el nombre-.

Pues sí, sigo poniendo atención y entro mucho más en el sentir del que Tuco nos habló allí, en el desierto de Tabernas. Nos habló y nos hizo sentir. El sentir. Y qué sentir! Lo siento todo, me siento, y he decidido tras esto ser un disfrutón del sentir. Disfrutar. Sentir. Son lo mismo; en un nivel íntimo de comprensión, sentir y disfrutar son lo mismo. 

En realidad, Tuco, todo es amar. Y no hay otra cosa más que amar. Y es todo lo mismo: amor. Y ahondo más en el sentir y me quedo extasiado; aún más: lo que Tuco está mostrando y demostrando es el camino del auténtico gozo.

Gozo. Disfrute máximo. Permitirse. Ahondar en el placer. En realidad, esta vida es la experiencia del placer: cuando lo descubrimos y nos permitimos, gozamos; y no nos quedamos conformes: lo queremos todo. Y más aún; más que todo. ¿Es que aún hay más?, sí muchísimo más, pero… hay que descubrirlo y después reconocerlo.

Me dejo descubrir; me ayudo de los compañeros para descubrirme, me reconozco y soy reconocido. Reconocemos. Nos reconocemos. Este ha sido el “trabajo” de este año, para mí, en Lucainena, con Tuco and company. Estoy más que encantado, feliz de saber quien soy: un hombre, como los hombres del grupo que me han hecho sentir hombre. Un gran hombre, como todos los grandes hombres del grupo compartido. Y ayudado por las grandes, Las Mujeres, el gran cantar!!

Me descubro. Es decir, me quito las cubiertas. Me siento. El sentir del trabajo de estos días me ha hecho eso, sentir, pero en muchos niveles. Conscientes e inconscientes. Los sentidos que hemos abierto, que Tuco and company -jopé con la company!- nos han instado y acompañado a abrir, en mi caso, me hacen ser. SER. 

Los cinco sentidos; cada sesión uno de ellos por activar, activados. Viste, oído, olfato, gusto y tacto. Y , sin comerlo ni beberlo, siento que me reconozco y que me reconocen. Como si se hubiera activado en cada uno de nosotros un mecanismo que estaba oculto, que emerge y nos hace sentir, ver lo que somos dentro. Y otra magia más: las ganas de gozar afloran. Sí, magia, aquello que estaba olvidado.

Por fin: el sentido de vivir activado por los sentidos. Vivo para sentir y siento que vivo. Todo ayuda a mi camino. Decía Rumi: “a medida que empiezas a andar fuera del camino, el camino aparece” ¿? 

Todo se nos ha activado y este todo llega a lo más profundo de cada uno de nosotros. Así Tuco nos previno: que tengáis una buena integración (en la vida tras Lucainena). Y llego a casa y me digo: mi vida. ¿Cómo que mi vida? 

Me deshago de “lo mío” para dejar paso a la inmensidad del sentir. Es mío pero viene de arriba: la enorme dicha que de arriba viene. Sí, esto te inunda, ya no es tu sentir sino todo aquello que nos ha estado buscado siempre: el gozo inconmensurable; la gran alegría que nos abraza a todos; El Gran Amor. 

“Cada gota de agua de lluvia fina me moja. Llego al arroyuelo, meto un poco los pies y siento entrar el agua en mí. Sigo, y ya en el río me dejo llevar por esa cantidad de agua generosa que me refresca y me llena de vida. Llego hasta el mar, al océano de la gran vida; me sumerjo, me arrulla, ya no soy yo. Me arrastra toda esa bocanada de líquido grandioso. Soy el propio agua, soy todo. Soy las demás gotas de agua juntas. Solo siento todo. Me siento TODO”.

Mientras, vamos sintiendo…, y sintiendo, y sintiendo el sentir. Creo que lo más importante de este bioverano vacacional ha sido el descubrir propio. Lo que me he reconocido. A los que he reconocido. Y cada reconocimiento ha sido mutuo y profundo. Agradecido. Decía Rudyard Kipling, el escritor del libro de la selva: “éramos felices, y lo sabíamos”. Lo más importante es ese “lo sabíamos”; ese reconocimiento de los trozos de vida que vivimos. Ahí se queda grabado, aquí sabemos quienes somos.

Reconocer. Reconocimiento propio. Reconocimiento del otro. Reconocer que somos uno.

Quizá, solo me queda decir, gracias Tuco and company.

Agradecido a los compañeros.

Agradecido a mí.

Autor: Javier Martínez Barrios